Nuevo comienzo…

Cerraron los ojos y juntos, desearon con todas sus fuerzas borrar de los anales de la historia tan desafortunado día… como si nunca hubiese ocurrido. Al abrirlos, y como si de una oscura magia se tratase, estaban de vuelta en la cama, desnudos de vergüenzas, una al lado del otro… mientras él le susurraba nuevamente al oído: “hoy he despertado con unas ganas terribles de amarte.” 

©V.Hayes Reinicio

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Decepción

La decepción es el pan nuestro de cada día. Unas veces, nos toca desayunarnos con él… otras, peor aún, son nuestras manos las que alimentan la boca de aquellos a quienes más amamos. Una cosa es segura, nadie estará exento de ella.

©V.Hayes   Decepcion

Tsunami


Su inteligencia le permitió ver llegar el tsunami desde muy lejos, pero además –y esa fue su suerte- puede decirse que tenía experiencia, ya que fueron muchas las veces que se soñó ahogada. Así las cosas, diseñó una estrategia consistente en sumergirse por completo en el epicentro del miedo para, desde allí, desde el origen mismo de la olas gigantes, cantar, que es como decir respirar, una canción tras otra. Y fue así, con talento, con memoria, y con la constancia propia de quien gusta entonar viejas coplas de amor desde la cuna misma del desastre, como logró sobrevivir a las traicioneras embestidas de un desamor travestido de normalidad.

©J. Gimbel G. tsunami

¡Mejórate pronto! (contrapunto)


Un viento frío y extraño, procedente de vaya a saber usted qué regiones del infierno glacial, rompió sus defensas penetrándole hasta la médula de los huesos. Una vez dentro, la parte orgánica que acompañaba al frío comenzó a realizar su feo trabajo con una dedicación y un empeño digno de mejor causa. La ayuda llegó en forma de una sopa de letras, y como resultó que siempre quiso ser un uomo letterato a la manera Virgilio, se la comió toda; al día siguiente llegó otra sopa, esta vez de pollo bien calentita, que fue directa al alma…Lo cierto es que, dolores aparte, le encantaba experimentar esa sensación de salvaje dulzura que trae consigo ser objeto de cuidados muy pero que muy personalizados.

©J. Gimbel G. Get Well

¡Mejórate pronto!

¡Mejórate pronto!

A fin de demostrar cuánto le quería, aceptó el reto. Abrió la ventana de aquel cuarto piso, tomó una bocanada de aire –tan profunda como gélida- y gritó tan fuerte como le permitieron sus pulmones un ¡TEAMO!, que se prolongó más allá de toda expectativa.
Ella, no daba crédito a su atrevimiento; unos pocos transeúntes que pasaban, sin levantar el rostro, sonreían… más bien al recuerdo; y él, terminó pescando el resfrío más hermoso que hayan registrado sus anales médicos.

©V.HayesGet Well

De los amigos… Blanca Miranda M.

Resurrección

Esperé que me salvara el hombre.
Que alimentara mi cuerpo y lo sanara, 
que lo hiciera hermoso, como el hombre mismo dijo que era la hermosura.
Nada fue hasta que yo misma lo reclamé.
Y fui saciada y sana y bella.
Y caminé olvidando lo aprendido.

Creí nuevamente en el otro. 
Que me colmara de felicidad y de alegría. 
Me encontré con la violencia, el genocidio y el engaño. 
Entonces fui triste…
el recelo y la angustia se apoderaron de mi alma. 
Me alejé porque le creí carne, como decían los que lo vendían en el mercado.

Interrumpí el camino, 
(duele la ruta si no llega a ningún lado).
Me revolqué en el estiércol hasta impregnarme de su origen. 
Provoqué mi propio asco, 
mi desprecio, 
renegué de mi. 
Cuando ya no hubo ruido y había muerto la esperanza, 
aprendí a llorar con los animales, 
aspiré el verde, 
me reí con los niños: los vivos y los muertos
Y allí, en una esquina olvidada de la más insignificante célula que me definía
Encontré el Dínamo, la Fuente, la Energía.
Allí estuvo desde siempre. 
Y reanudé el camino, esta vez sin buscar afuera.

©Miranda Merced Miranda Merced

De los amigos… Sandra Gudiño

Escultura

Me doy forma
me descubro mujer nueva
íntimo regocijo
a puro cincel.

Me quito la máscara
la tierra me pronuncia
me renazco
una
otra
y otra vez.

El ángel de la nostalgia
se descalza
sutura soledades
al borde de un silencio
que borbotea mi olor.

Abro las alas.

Desde la tinta
que corre por mis venas
oigo la llamada.
Me esculpo mujer
para amarme
a pura caricia
desde esta voz.

©Sandra Graciela Gudiño Escultura

Mi regalo

Mira qué me trajo la brisa, para ti…

 

by Ada Hayes

by Ada Hayes

 

©V.Hayes 

— with Jose Gimbel GarcíaJulio Perez CidRamon Anibal RamosCarlos Dominguez BuronJulia del PradoNieves Iglesias VeledaGraciela PittoniElena Jodar LorenteEli QuezadaLuis BrensLuciana Garcés SánchezEsmelda AmarantePil Pérez GarcíaDavid A. MenendezDamian PerezDenise EstevezNiusia GimenezNery R. EstevezCecilia Ce OrtizNely De Benitez,Ana OsunaAraceli Garcia MartinMerceditas ArtilesMiguel AcostaVanesa Samantha OntiverosEmerson QuezadaNelson SanchezDora Papaleo,Gonzalo JoseLoli Carril MiguezInma J. FerreroAngel De La RivaVictoria VegaLeslie M. ParavisiniMarcela Vieira RivasJose Rafael LluberesManuel SanchezJc BrennyPilar LamasJovino GonzalezPetronila Baca Palacios,Mayte Del Castillo CamachoNilda Calderon AlzamoraMaría José Ladeaquí,Marisa BermudezEugenio RivadeneyraAdanellys PerezMaria Romero OlmoJose Manuel Prados AguilarRafael Fuerte EspejoMiranda Merced,Maria MariaAlejandro RivadeneyraYenny AbreuJulian Bravo JasoSandra GudiñoGloria Gayoso RodriguezJosé Álvarez ArnalRoberto MarcosIsabel TroyaJose Gimbel García and Edith Mena.

***

Abril


Su mundo y él, ambos dos, amanecieron oscuros y fríos, huérfanos de piel, después de que la noche sembrara sus dudas y de que una luz mortecina amenazara con dinamitar el heroico reducto de sus esperanzas. En un instante, todo cambió. Fue la perspectiva. Una nueva perspectiva. Se abrió la ventana y la vio abajo. Él habitaba una especie de bóveda celeste y ella estaba abajo. Grande, hermosa, nueva… Soñaron de todo, se dijeron de todo y, al terminar, dejaron en el éter un rastro de gozo en forma de miel y sangre fácilmente perceptible desde Texas a la Patagonia.

©J. Gimbel G. Amor Posterized

Las Yolas

Las Yolas

A veces se disfrazaban de felicidad, para lograr escapar. Entonces se escabullían hasta el puesto de los pescadores, casi al final del malecón, y se besaban largamente, sin prisas… como lo hicieran, desde 1973, incontables enamorados sin testigos.

©Jc Brenny  Las yolas